25 ene. 2010

La puerta de Oriente y otras historias sin fin

Algunas tardes de invierno pueden convertirse en un viaje fascinante. Hace unos días paseaba sin rumbo por las calles del más antiguo Madrid, ese que nada tiene que ver con las grandes avenidas, el tráfico y las prisas sino con el pueblón manchego que decía Galdós, el vino picante de las tabernas y los cascos de los caballos sobre los adoquines. Iba pensando en algo curioso. Recordaba a un personaje de cómic holandés de los años setenta llamado en España "Bermudillo, el genio del hatillo", un viejecito bonachón que recorre el mundo con un hatillo mágico al hombro del que puede extraer cualquier objeto que necesite. De pequeña cayó en mis manos un ejemplar mutilado de su aventura "La puerta de Oriente" en la que Bermudillo debe atravesar una puerta que conduce al desierto, al mismísimo Oriente con toda su carga de misterio, de espejismo. Sin embargo, a mi comic le faltaban las últimas páginas así que el secreto de su final permanece intacto. ¿Liberaría Bermudillo a los hombrecillos de las botellas? ¿Conseguiría salir del desierto?
Inmersa en este recuerdo di un giro inesperado a mi ruta por las callejuelas de Madrid. Después otro y más tarde un tercero. Me encontré de pronto en una placita donde nunca antes había estado. En una esquina, una bombilla a punto de extinguirse iluminaba una librería de viejo. Antes de darme cuenta ya estaba dentro. Era preciosa y destartalada. Madera crujiente, estanterías atestadas de legajos, paredes de ladrillo. Escondido entre dos enormes diccionarios encontré un pequeñísimo librito: La puerta en el muro de H.G. Wells. que comencé a leer allí mismo. Narra la historia de un hombre que a los cinco años de edad atraviesa una puerta verde en una calle desconocida para internarse en un jardín delicioso donde conoce la felicidad. Tras ser devuelto a la vida "real" no logra olvidar esa sensación de eternidad y busca, incansable, el camino de regreso al paraíso. Pasa la vida y, súbitamente, la puerta se presenta ante él en momentos en los que debe elegir entre cumplir con sus obligaciones en el mundo o traspasar su umbral. Pero nunca reúne fuerzas para abandonarlo todo. Hasta que... La librería cerraba sus puertas así que, tras pagar el libro, salí al frío de la calle sin conocer el final de la historia.
Buscando el camino de regreso a las vías conocidas torcí mis pasos por la más estrecha de las callejuelas. De pronto la vi. Arábiga, oscura, callada. Era la puerta. Pero no la de H.G. Wells sino la del genio del hatillo. Esa puerta no podía conducir a otro lugar que no fuera el Oriente..Palpé la piel áspera de la madera... y empujé. La puerta cedió dócilmente. No puedo precisar cuánto tiempo estuve allí dentro ni debo revelar lo que vi. A su manera ésta también es una historia mutilada. ¿Y cuál no lo es? Os daré, sin embargo, una pista:

Feliz travesía sin final

12 comentarios:

  1. ¡Vaya entrada! Nos traes de todo: el Madrid antiguo, librerías de viejo, puertas a paraísos perdidos, un hatillo mágico y al final, un símbolo para una historia sin fin.
    Me quedo pensando.
    Un abrazo, alicia

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  2. me encantó que me recordaras a Bermudillo el genio del hatillo :) también leí alguna de sus historietas, pero esa que cuentas no... ¡cachis! qué misteriosa estás alicia... hummmm y la pista... ¿puede ser un jarrón roto? ¿una pisada de babucha? aaaaalaa a lo mejor es Bermudillo saliendo del desierto!!... qué intriga... ¿y no nos lo vas a decir? será de verdad otra historia mutilada? tú si puedes desvelarnos el final... un besín!

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  3. Qué entrada más estimulante e imaginativa. A la par que bella. Esa librería de viejo, esa puerta y ese desierto sin fin... Un beso, alicia.

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  4. No hay como hacer ficción de nuestro tránsito. Quizás los hombres/mujeres de las botellas vivieron tanto tiempo en ellas que hubo como un hogar con jardín dentro del vidrio. Y al liberarlos Bermudillo dejaron constancia de ese jardín en el suelo. Y como tu edición era de Holanda, la landa, la huella de la bicicleta no podía dejar de dejarse.

    Besos, transgresora de puertas.

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  5. Yo veo tu botella, Alicia. Es ese recipiente mágico del que has salido y que está dejando huella sobre las pisadas de algún viaje ya comenzado.
    Estoy segura de que el otro lado de la puerta no decepciona. Es necesario llegar hasta él con ilusión.
    Te dejo mi hatillo por si tiene algo que te sea útil para encontrar el camino hacia el hogar. Puedes ir en línea recta o doblando esquinas, ¿qué importa? No hay normas.
    Besos por debajo de tu sombrero.

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  6. Xibeliuss, te traigo un hatillo en el que cabe todo eso y lo que quieras soñar... La historia la escribe cada uno a su antojo, las puertas solo se abren. Un abrazo desde Oriente.

    Covi, creo que mantendré el misterio. Como le digo a Xibeliuss la historia no ha hecho más que empezar, interpreta esa huella de babucha como desees... Lo que sí te diré es que es una huella en un desierto, una huella de babucha. Besos con genio dentro

    Mª Antonia, me alegro de haberte hecho viajar al otro lado de la puerta. Seguro que has visto lo que había al otro lado

    Ventana, qué observadora!(como es habitual) Hay tantas botellas de cristal como mundos, cada esencia gira sobre sí misma en el vientre de vidrio de una de ellas. La huella y la rueda en la arena son solo el rastro de una historia, eso sí, del otro lado de la puerta. Ser "transgresora de puertas" es vocacional..Besos desde el umbral

    Silvia, seguro, seguro que el otro lado de la puerta no decepciona. Tomo tu hatillo y dejo esta huella en la arena por si te animas a cruzar el desierto. Solo hay que empujar la puerta. Abrazos y agua para el camino

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  7. Tu pista es un pez, con hojas marinas enredadas. Esa puerta conduce a un mar inesperado, un abrazo de agua por donde bucear, bucear sin fin.
    Una librería de viejo en la ciudad, todavía hay esperanza. Aquí están desapareciendo todas, snif.

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  8. Ese jardín delicioso al que aludes en La puerta en el muro de H.G. Wells. me ha llevado a recordar un inmenso, formidable y poético cuento de Dino Buzzati titulado 'Dulce noche' en el que el verdadero protagonista es un jardín. No dejes de leerlo, en serio. El ediciones 'El acantilado' bajo el título 'El colombre' lo puedes encontrar, además de otros fantásticos cuentos.

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  9. Me pregunto por la extraordinaria sensación de acariciar a dos panteras negras.
    Me pregunto sobre un libro imaginario en el que pasemos página y nos veamos.
    Y te advierto: ¡Cuidado, que en Madrid hay muchas obras, muchos muros y muchas zanjas! No abras una puerta y te vayas a caer.

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  10. Mlle Miracle, un pez es una gran pista. Cada cual interpreta una huella a su manera. Si buscas océanos seguro que hay una puerta esperándote con un secreto acuático y salado tras de sí. Besos y mapas de navegante

    Tempero, tomo buena nota de ese libro editado, al igual que el de "La puerta en el muro" por Acantilado. Cuando lo lea te cuento mi viaje.
    Un abrazo de viajero a viajero

    Tinta, jeje... algo parecido le ocurrió al protagonista del cuento de H.G. Wells que menciono en esta entrada. Claro que hay muchas formas de ver una zanja...
    Un libro imaginario donde encontrarnos... qué imagen tan sugerente! Gracias por tu rastro

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  11. Me has hecho pararme a pensar en las puertas que no abro por miedo... tu pista esperanzadora hace que me anime a empujarlas todas!!

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  12. Mónica, venga valiente! Todo es empezar, con mano trémula, y seguro que después incluso puedes atravesarlas con la mirada...
    Besos viajeros

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