30 oct. 2009

Cometa



Esta mañana he abierto mi ventana al último sol de octubre. Los dedos de una ligerísima brisa del norte han acariciado mi piel y, absorta en este instante, no he reparado en la cometa. Dormía, con ese sueño pesado y brumoso que envuelve a las cosas bellas, en un rincón de mi cuarto ajena a cielos y planetas. El aire debió despertarla, agitó su alma polvorienta con la promesa de nuevos paisajes, erizó su cola multicolor.
Apenas sentí el sutil roce de sus alas de ruiseñor mecánico huyendo sin timón ni mapas por la ventana.Desde el alfeizar contemplé atónita su vuelo desbocado mientras el vecino de arriba, poseído tal vez por el lirismo de la imagen, olvidaba la disciplina de las escalas para abandonarse a una melodía volátil.
Se iba... Como una florecilla despeinada, como el juguete alado que nunca me perteneció. Ascendía sin fin sobre los tejados de la ciudad, recortándose, espléndida, contra el fondo azul del cielo de esta mañana de otoño. Pronto fue una pincelada malva y verde, luego una muesca de color, más tarde un punto, finalmente nada. Seguí así, asomada al mundo, un tiempo más.
Ahora he cerrado la ventana. Me pregunto qué nuevas geografías estará descubriendo, cómo será el tacto de las nubes allá arriba, si habrá llegado al norte o si en su desafuero habrá confundido cielo y mar y ahora vuela entre sirenas y bancos de peces fosforescentes. La vida continúa aunque he de reconocer que por un instante he sentido dolor. No lamento la pérdida. Lo que realmente siento es no haberme agarrado a tiempo a su cola de dragón y sobrevolar libre al fin, la vida.
Si la veis cruzar el marco de vuestra ventana decidle que no me olvide...

26 oct. 2009

Nobody home


En estos días alguien muy cercano me habló de la soledad y sus palabras me reflejaron como un espejo. Me describió la sensación de haberla tenido toda la vida pisándonos los talones,doblando las mismas esquinas apenas un instante después. Hasta ahora la hemos burlado pero su aliento helado ya acaricia nuestra nuca. Cree que por fin le ha dado alcance. ¿Qué hacer ahora?
Supongo que tienes razón, toca aprender a vivir con ella, perderle el respeto, invitarla a nuestra mesa y compartir la cena. La imagino extremadamente delgada, el pelo cayendo en hebras sobre su rostro, piel cetrina y un traje anacrónico que apesta a fracaso y naftalina. No dice ni una palabra pero te sigue con torpeza a todas partes y a su lado se evaporan los colores, la vida. Y sí, ha traído dos maletas de piel viejísimas llenas de harapos que todavía anda deshaciendo. Parece que se va a quedar un tiempo. Tratará de levantar un muro a tu alrededor.¿Recuerdas? Como en la película... Como en las tardes lluviosas de la adolescencia junto a los muelles.
No le tengas miedo, déjala hacer. Sentirás que es tu sombra, odiarás sus pasos metálicos por el pasillo, sus insípidos desayunos. Cuando abras la puerta de casa hará frío y habrá sido ella, que ha apagado todas las estufas, que ha tapado con sus manos cualquier atisbo de luz solar y ahora te sonríe, desafiante, desde el sofá.
Pero llegará un día -créeme, ha de llegar- en el que la vida gire sobre su gozne una vez más y un vendaval sacuda tu casa. Y esa ráfaga de aire fresco la lanzará por los aires, lejos al fin de tu pecho, seguida de su séquito de ladrillos, flores y perfumes mortecinos. Abrirás las ventanas de par en par y te sentirás extraña y ligera. No habrá cometa en el cielo que se compare a tu alma. Habrás cruzado el desierto. Y no visitará nunca más tus pesadillas aunque siempre forme parte de ti...

23 oct. 2009

Estaciones

No concibo la vida sin estaciones. Necesito nacer y morir tantas veces como la naturaleza muda de piel, reinventar un comienzo, anunciar un final que a veces es escarcha, lecho de hojas secas, fruta madura, savia que reverdece. Pero la primavera no solo visita los campos. También las ciudades germinan a primeros de mayo o estallan, voluptuosas, en verano.
Quizá por esta melancolía vital que siempre llevo en los bolsillos, el otoño sea lo más parecido al paisaje de mi alma. Paseo en estos días mi "spleen" -ese sentimiento que envolvía a Baudelaire mezcla de tedio visceral y sutil tristeza- por los rincones secretos de Madrid. Aroma de castañas, braseros, árboles que llueven. Leo a Neruda, sonrío, recuerdo pasados otoños que parecen ya de otros. Espero que este vuelva cargado de regalos...

Hoy quiero confesaros un secreto. Tanto trajín errante de estación en estación tenía que dar sus frutos. La casualidad de los jardines me condujo una tarde de octubre al mismísimo corazón del otoño. Sí, está en Madrid y de este pequeño reducto nacen todas las nueces, hojas muertas, manzanas rojas y vinos abrasadores. De súbito me encontré en ese epicentro y lo supe. Solo pude sentarme en sus orillas y acercar con reverencia mi oído a la tierra. Estaba allí, latía.
Buscadlo. Su nombre suena a cuento: bosquete de la almendrita. Si lo halláis caminadlo de puntillas. Tal vez el fragor de tanto otoño arranque de un zarpazo vuestras hojas y os cubra la piel desnuda con la corteza áspera de los tilos.

20 oct. 2009

A través del espejo



Durante muchos años cada vez que alguien se interesaba por mi nombre surgía la inevitable coletilla: "en el País de las Maravillas". Fue así que la fuerza de la repetición entrelazó mi vida indisolublemente con la del personaje de Carroll. No recuerdo el momento exacto en el que perseguí al apurado conejo blanco, ni la interminable caída por el tunel o el naufragio en un mar salado de puro llanto pero sin duda algo me unía a aquella muchachita de aspecto victoriano retratada en abigarrado blanco y negro por Tenniel. Lo cierto es que en uno de mis viajes al jardín de las maravillas encontré una puerta lateral que conducía a un mundo aún más fascinante que el de la Reina de Corazones. Se trataba de "A través del Espejo", relato anejo al célebre País por el que siempre había vagado sin rumbo ni concierto. En la blanda tersura de ese espejo que la niña traspasa con docilidad encontré algo más que una imagen onírica. Vislumbré la puerta al otro lado, tantas veces intuido, tan inefable como esos ojos que nos miran desde una habitación que maliciosamente reproduce el orden aparente de nuestra orilla del mundo.
Desde entonces, cuando alguien escucha mi nombre por primera vez deseo que añada con una sonrisa de complicidad: "A través del espejo" en lugar de la consabida frasecilla. Claro que hace tiempo que nadie invoca ninguno de los dos mundos. Debe ser que he crecido y ya no calzo los zapatos de charol de Alicia. Debe ser.

19 oct. 2009

Mensaje en una botella


Arrojo al mar la fragilidad de este mensaje... Quién sabe a qué costas arribarán, temblorosas y arrugadas, mis palabras.